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Dai, 2013-2017

Este proyecto nace, en parte, de la evolución de nuestra relación con el paisaje. En trabajos anteriores, se mantenía como único protagonista y, al tiempo, como nuestra herramienta para abordar temas relacionados con la ambigüedad (Nindus, 2011), el vacío (Da-dark, 2011) o el olvido (Frido, 2012-2013).

En Dai, el paisaje se compaña de otros personajes, de manera que pasa a ser un testigo silencioso e incluso un cómplice de hechos terribles cometidos por el hombre. Su lejanía, su aislamiento y su silencio convierten estos parajes en encubridores de los acontecimientos más oscuros. Son estos lugares, capaces de guardar secretos y ocultar sucesos, los que construyen esta historia.

El proyecto arranca en el 2013, movido por la tristeza que producen en nosotros ciertos hechos violentos que son de dominio público en ese momento. Comenzamos a buscar más datos  sobre ello y esto nos lleva a ampliar nuestra investigación, tanto en ámbito como en profundidad, y a descubrir y documentar gran cantidad de muertes y desapariciones ocurridas en nuestro país a lo largo de los años. El proyecto va tomando forma y se define al encontrar ese denominador común a tantas de las historias que es el paisaje mudo, que calla y otorga al mismo tiempo, que oculta y silencia.

Las fotografías que conforman Dai, muestran escenas abiertas a la interpretación que incluyen algunos elementos clave de esos asesinatos, pero en las que se ha evitado, de manera intencionada, aportar los detalles sobre el crímen que cada una de ellas representa. Muchas de estas muertes conllevaron un enorme despliegue mediático en su momento, en parte, por el enorme morbo que despertaban. Por ese mismo motivo y, en cierto modo, como una reacción ante él, se ha evitado avivar con este proyecto ese tipo de curiosidad. Incluso su título, “Dai”, resulta poco clarificador. Pero todas las imágenes tienen una historia real detrás.